Hoy en día, es cada vez menos probable encontrarse con una sorpresa, ya que vivimos en una sociedad tan ansiosa por tener todo controlado y dentro de un margen horario, que nos asfixiamos en la continua planificación de todos los aspectos de nuestra vida. Cualquier improvisto, cualquier cosa que no hayamos planificado previamente, sea positiva o negativa, es automáticamente encasillada como una molestia, un «obstáculo» en nuestra carrera imaginaria, que nos arruina todo el plan, sin darnos cuenta de que muchas veces esos «obstáculos» no solo podrían estar brindándonos un corte abrupto en la rutina, sino también un momento de desconexión con la tediosa y estresante vida que se vive ultimamente.
Como narra Alexandra Kohan en su ensayo «Sorpresa», las sorpresas no solo son cada vez más escasas, sino que también la mayoría las rechaza, ya sea por miedo a no saber controlar una situación improvista, por haber perdido el tacto con lo desconocido, o porque tienen tanta ansiedad por saber absolutamente todo de antemano, que no se permiten relajarse y dejarse llevar o contemplar la belleza de la vida. Dos frases que quedaron resonando en mi cabeza son «No queremos encontrar, queremos buscar. Y las cosas más lindas no se buscan, se encuentran» y “Yo no buscaba a nadie y te ví», lo cual, en mi opinión y experiencia propia, es cierto. En lo que a mi respecta, primero como individuos y descpués como sociedad, debemos empezar a tomarnos un tiempo de desconexión, para así volver a tener ese tacto con lo inesperado. Uno no puede buscar sorpresas, ya que al hacerlo, en definitiva las estamos espantando. La naturaleza de las sopresas es que uno no las puede ver venir, y si sí, no se tiene certeza de como serán.

Creo que las sorpresas también pueden pertenecer en el mundo literario y audiovisual. Es más, concidero que últimamente, la gente encuentra más sorpresas en libros, películas y series, que en el mundo real, ya que a pesar de que el propisito de esa interacción con los contenidos en es cierta forma para encontrar sorpresas, lo maravilloso es que, si el contenido es novedoso, creativo u original, no dejaremos de sorprendernos con lo que estamos leyendo o mirando. Además, la sensación de sorpresa es diferente, uno no solo suele quedarse anonadado por la peculiaridad de la situación, sino también por la genialidad del autor, de como nos engatusó para creer que sabíamos como se resolvería el conflicto, y ¡PUM!, la situación se resuelve de la forma menos esperada e inimaginable posible. Un ejemplo de libro que verdaderamente me dejó sorprendida hasta el día de hoy, es del libro «El Perfume, Historia de un Asesino», de Patrick Süskind, en el cual su final es completamente impredecible e impactante.

Todo esto me llevó a pensar cuándo fué la última vez que algo o alguien me tomó por sorpresa. Hacer memoria de ese momento me tomo un largo rato, ya que lamentablemente, yo soy parte de ese agobiante sistema en el cual tengo casi cada minuto contado y me entrego a la rutina, pero al fin y al cabo, pude llegar a tres momentos de sorpresa, relativamente recientes, en los cuales no solamente, valga la redundancia, me sorprendí, sino que además me dejó una sensación de alegría.
Situación 1: Estaba en una regata de remo en Villa Constitución, previa a mi última concentración con la selección en vista al Sudamericano Junior de Remo 2026. Me encontraba armando el trailer donde volverían los botes a Rosario, ya que el evento estaba terminando, y a su vez despidiendome de mi familia, ya que yo debía ir a Tigre sola, y recién los volvería a ver en dos semanas. En ese momento, mi mejor amiga, Valentina, saca una bolsa de colores y me dice «para que puedas graficar tus experiencias y después me las muestres». Me había regalado una libreta de dibujo, algo que ella y yo compartimos, ya que nos gusta dibujar nuestras anegdotas de los viajes y entrenamientos. Ese simple gesto, no solo me lleno de alegría, sino que me demostró que para ella, esa experiencia que estaba por vivir, merecía ser conservada mediante el dibujo, como ambas hacemos. A su vez, me dió la libertad para explorar mi propia capacidad y estilo de dibujo, ya que yo tiendo a dibujar en base al estilo de las otras personas, hasta donde me es posible. Por lo que esa sorpresa, puedo decir que trascendió al momento, ya que a día de hoy sigo usando la libreta.
Situacion 2: Voy caminando por la calle, en dirección al instituto de inglés. Yo por lo general, cuando circulo en la calle, voy con mis auriculares, ya que de esa forma la gente no suele acercarse a molestar, pero ese día en particular, no llevaba mis auriculares puestos. Cuestión que ya faltandome dos cuadras para llegar, un chico, supongo yo que uno o dos años más grande que yo, se acerca a preguntarme en dónde había una fotocopiadora, a lo que yo, amablemente le respondo que a dos cuadras, al lado de mi instituto de inglés, hay una. El chico me agradece, y sigo caminando. No hago ni tres pasos, que el chico me vuelve a hablar, pero esta vez para preguntar si le daría mi número. Eso si que no lo podía creer, alguna que otra vez me habían pedido mi número, pero núnca en la calle y tan repentinamente. Lamentablemente para el chico, me disculpé y le dije que no, a lo que me dijo que estaba bien, que era una pena pero que no pasaba nada, y luego cada quien siguió su camino. Esa situación me dejó pensando en varias cosas, la primera, que esa situación antes, en la época de mis padres, no era tan inusual, pero que hoy en día, es extraño que ocurra, casi milagroso. La segunda es que justo dió casualidad de que ese día, yo estaba sin mis auriculares, por lo que en cierta forma, estaba más expectante al mundo, a que alguien me hablase. Y la tercera, es ¿qué hubiera pasado si sí le daba mi número? Comoo persona que sobre piensa las cosas, esa pregunta no me la pude sacar de la cabeza, el qué hubiera pasado si sí. Por lo que ese evento inesperado, me dejó varias reflexiones.
Situación 3: Esta situación no es linda, pero creo importante mencionarla ya que las sorpresas no siempre son placenteras. Tenía una amiga, de remo, con la cual nos llevabamos super bien. Tanto a ella como a mí, hay un grupito de chicas, que son del grupo de la escuelita de remo, que no nos caen del todo bien, porque son conflictivas. La cuestión es que un día, por un conflicto que pasó, un amigo me advierte de que mi amiga, es igual que las otras chicas y que si le confiaba mis secretos y cosas sensibles, me iba a terminar traicionando. Yo no le quise creer, porque no se me ocurría que alguien que aborrecía ese tipo de actitudes, pudiera tenerlas también. Pero me equivoqué. Un día, mi «amiga» me pregunta si podíamos hablar, a lo que le respondí que obvio, no había ningún problema. En esa charla, ella me dice que había hablado con las chicas que nos caían mal, y que ellas le habían dicho que yo, su amiga la cual siempre la apoyó y defendió, estaba diciendo cosas como que ella no es tan buena en remo como yo, o que pretendía que le fuera mal en las competencias. Al momento que me pregunta eso, no podía creer lo idiota que era como para creer algo de lo que las otras arpías pudieran decir, siendo que en reiteradas ocaciónes dijeron cosas feas de ella. Pero, como me dijo mi amigo, ella era igual a las otras, y les creyó a ellas y no a mí, empezó a divulgar el mismo rumor. Toda esta situación me tomó de sorpresa, ya que no podía entender como alguien a quien había querido, en quien había confiado, y con quien supuestamente habíamos creado un vínculo amistoso, podía estar tirando todo por la borda por un rumor proveniente de gente que quiere hacer daño. Pero supongo que la vida es así, y esta llena de sorpresas buenas y malas.
Las sorpresas son en parte lo que le da color a la vida, por lo que si sentís que en tu vida estás teniendo escasez de ellas, lo más recomendable es que tomes un camino nuevo, cambies un poco tu rutina, y simplemente te dejes llevar.


