Una vez más: El punto medio entre lo inesperado y lo esperado.

Una vez más: El punto medio entre lo inesperado y lo esperado.

Son las 6 de la tarde, tu sagrada hora de la merienda se fue por que te la pasaste realizando tarea de la materia que te resulta irrelevante e incompetente o quizás solo fue el scrolleo infinito por Instagram, el temporizador que te pusiste la semana pasada para reducir el tiempo de la pantalla fue inútil. En cualquiera de los casos, tu celular se queda sin batería. Lo pones a cagar y… ¿ahora que? Estas varado en un viernes, tus responsabilidades finalizaron por esta semana, tus amigos te han cancelado la salida que previamente habían planeando realizarla hoy a la noche, buscas para ver una serie pero todos te parecen «demasiado», la sinopsis es malísima y genérica. Miraste a la ventana y cuando piensas que salir a caminar podría ser divertido, comienza a llover. En ese momento caes en cuenta que nada no hay nada por hacer. «¿Cómo puedo mantenerme ocupado? no quiero estar aburrido« Piensas caminando por toda la casa hasta que te topas con ese libro que dejaste en un estante abandonado, no sabes por cuanto tiempo lo ignoraste y eso que estaba a simple vista. Lo tomas y recuerdas por que estaba ahí, un libro de tu infancia que siempre molestabas a tu mamá o papá para que te lo leyeran, ellos estaban hartos de leerlo devuelta pero a vos te encantaba. Ese recuerdo nostálgico fue tu impulso para sacarlo de esa caja polvorienta de la mudanza que nunca limpiaste y capaz algún momento lo leerás. Lo miras, huele a viejo, las hojas ligeramente amarillentas y te planteas ¿Qué pasa si lo leo una ves más?

Este escenario es maravilloso y extremo. Aunque es posible que más de alguno se haya visto en una situación similar, no es casualidad. Alexandra Kohan lo ha notado muy bien. En su texto plantea que vivimos buscando certezas y anticipándonos a lo que va a suceder: “No queriendo encontrar, queriendo buscar”. Pero ¿Qué pasa cuando buscamos algo que ya conocemos nos termina sorprendiendo también?

Volver a lo conocido

Releer un libro parece, en principio, lo contrario a una sorpresa. Lo mismo cuando vuelves a visitar esa pelicular favorita que ya la viste un millón de veces. Ya sabemos qué va a pasar, conocemos a los personajes e incluso nos podemos recordar la mayoría de frases o esas que quedaron grabada en el inconsciente. Estamos esperando encontrar aquello que ya encontramos una vez. Sin embargo, existe una contradicción: ¿y si volver a leer también es fuera también una decisión inesperada? Tranquilamente, en un bucle constante de la búsqueda de algo nuevo, regresamos a algo que ya conocemos y más si ese libro no lo has visto en mucho tiempo.

El lector que cambia, el libro que sorprende

Y es cuándo ahí aparece una verdadera sorpresa. El libro sigue siendo el mismo, pero el lector no. Desde aquella primera lectura, el tiempo pasó, vivimos nuevas experiencias, conocimos personas, cambiamos nuestras ideas y atravesamos situaciones que antes no existían en nuestra vida. Incluso no hace falta que pasen años para poder volver a leer ese libro, con que haya pasado un par de meses, es mas que suficiente para que una escena tenga otro significado. Es una de las magias que tiene el ser humano con respecto al tiempo.

Por eso creo que la relectura funciona como un punto medio entre lo esperado y lo inesperado. Esperamos encontrar la misma historia, pero podemos terminar encontrando algo completamente diferente dentro de ella. Una frase que antes ignorábamos puede afectarnos, un personaje puede parecernos distinto o una situación que antes no entendíamos puede adquirir un significado nuevo. Las palabras son la misma, el papel es el mismo, pero la conciencia no es la misma. Kohan afirma que “el deseo es el nombre del hallazgo y de la sorpresa”. Quizás releer sea justamente es una forma de conservar ese deseo de encontrar algo, incluso sabiendo aproximadamente dónde estamos buscando.

La sorpresa, entonces, no siempre consiste en descubrir algo que nunca habíamos visto. A veces consiste en volver a mirar algo conocido y descubrir que nosotros cambiamos es suficiente como para verlo de otra manera. El libro permaneció en el estante, esperando. El que realmente cambió fui yo. Quien luego de múltiples factores finalmente desempolve la tapa y mire su contenido

Y quizás por eso, cuando nos preguntamos “¿qué pasa si lo leo una vez más?”, la respuesta nunca puede ser simplemente “lo mismo”. O a lo mejor si, quizás el cambio no fue tan brusco para darnos cuenta que simplemente crecimos.

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Ensayo a puño y letra de

a partir del articulo ¡Sorpresa! de Alexandra Kohan

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