Viejo sorprendido chistosamente diciendo uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu

«Una de las mejores sorpresas genuinas que recibi en mi vida :)»

Uno de los momentos en los que genuinamente quede sorprendido fue: El regalo de mi mejor amiga.
Literalmente hizo una modificación de un mod que me encanta de uno de mis juegos favoritos, cambiando los personajes por nosotros, nuestros personajes e incluso cambiando la historia para que homenaje nuestra primera juntada con otro grandioso amigo, una historia alternativa cambiando una situación. El hecho de que se esforzó para dibujar y cambiar personajes por los nuestros, que encaje bien cada situación, etc. Me ha hecho sorprenderme de una forma positiva y me encanto el regalo que hizo :).

Muchas veces creemos que sabemos cómo van a suceder las cosas porque nos acostumbramos a imaginarlas de una determinada manera. Esperamos que un regalo sea simplemente un objeto, que una historia termine de cierta forma o que una experiencia se parezca a las anteriores. Sin embargo, creo que la verdadera sorpresa aparece justamente cuando algo rompe con aquello que esperábamos encontrar.

Esto se puede relacionar con lo que plantea Alexandra Kohan en su texto sobre la sorpresa. Muchas veces intentamos anticiparnos a todo y saber qué va a ocurrir, porque la incertidumbre puede resultar incómoda. Pero, al hacer esto, también podemos perder la posibilidad de encontrarnos con algo completamente inesperado.

Un ejemplo personal fue el regalo que me hizo una de mis mejores amigas. Yo sabía que iba a recibir un regalo, pero no tenía idea de qué podía ser. Lo que nunca podría haber imaginado era que ella había modificado uno de mis mods favoritos de un juego que me encanta. Cambió los personajes originales por personajes basados en nosotros mismos, modificó la historia y adaptó diferentes situaciones para que coincidieran con momentos que vivimos como grupo, incluyendo nuestra primera juntada y algunos momentos graciosos que recordamos.

La sorpresa no estuvo solamente en descubrir qué era el regalo. Lo que realmente me sorprendió fue descubrir todo el esfuerzo que había detrás. Ella había tenido que pensar en cómo representarnos, modificar el arte, adaptar la historia y encontrar la manera de que cada personaje y cada situación tuvieran relación con nuestra personalidad. Era algo que yo no estaba esperando encontrar y, justamente por eso, terminó teniendo un valor enorme para mí.

Creo que algo parecido puede suceder con la lectura. Cuando empezamos un libro, muchas veces tenemos ciertas expectativas: por su portada, por lo que nos contaron sobre él o por el género al que pertenece, creemos saber qué vamos a encontrar. Incluso podemos buscar inconscientemente aquello que confirme nuestras ideas. Pero una lectura también puede sorprendernos cuando aparece algo que no esperábamos, una idea que nos hace pensar diferente o un personaje con el que terminamos relacionándonos de una manera que nunca habíamos imaginado.

Por eso, pienso que tanto la lectura como otras experiencias de nuestra vida pueden funcionar como espacios de sorpresa. Para que eso ocurra, tenemos que dejar un poco de lugar a lo desconocido. Si intentamos anticipar absolutamente todo, quizás terminemos encontrando solamente aquello que ya esperábamos. En cambio, cuando aceptamos no saber qué va a pasar, podemos descubrir cosas que no habríamos encontrado de otra manera.

Tal vez la sorpresa tenga valor justamente por eso: porque nos recuerda que no todo puede ser previsto y que algunas de las experiencias que más recordamos son aquellas que nunca habíamos imaginado.

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