En la era de la inmediatez y la automatización, las sorpresas para muchos terminan siendo contraproducentes, en lo inesperado se suele encontrar el error. Como explica la autora, Alejandra Kohan, en su ensayo ¡Sorpresa!:
Ya casi nadie está dispuesto a perder algo y quiere saber de antemano lo que va a ocurrir. Con lo cual se aplasta, justamente, la ocurrencia. Las agendas atiborradas de cosas, la de todos nosotros. Porque en la agenda se consigna el trabajo, pero también el ocio, el entretenimiento, el amor, los amigos. Todo metido en la grilla horaria, en la apretada y apestada cronología de los días. Sin sorpresas.
La grieta
Sin embargo, en la literatura ocurre una cosa muy curiosa que divide a las pocas personas que hoy día la consumen, en dos grupos:
Aquellos que eligen los libros solamente después de saber qué es lo que van a encontrar, esperando que la obra cumpla todos sus requisitos. es más fácil para ellos si ya saben qué, cómo y por qué se van a encontrar con todos y cada uno de los acontecimientos del libro. y ante la más mínima discordancia entre lo que vieron en sinopsis y resúmenes, abandonan el libro sin mas dilación.
Dentro del otro grupo se encuentran quienes dejan que el libro los guie a través de la historia y los maraville con sus misterios, permitiendo así que todo lo que se encuentren sea novedoso, o como mínimo inesperado, para luego componer con esa información una nueva reflexión.
«Una vida deseante, una erótica de la vida es aquella que no rechaza lo que de infernal puede tener el deseo. El deseo es el nombre del hallazgo y de la sorpresa. Es ese tropiezo que nos detiene de la carrera hiperactiva hacia el consumo agobiante; es el mal paso que nos posibilita detener la marcha segura de sí para poder vacilar. Acaso se trate del placer de la sorpresa y de la sorpresa del placer. En esas escenas pasan cosas, cosas que no sabemos; pasan cosas y producen efectos que, muchas veces, nos despiertan. Si cerramos las vías para que esas cosas pasen, sólo nos resta el eterno retorno de lo mismo»
Esta grieta va de la mano con el apresurado avance de la tecnología, que parecen convertir a las sorpresas en un lujo inusual. Y pese a yo mismo pertenecer al segundo grupo, uno no puede evitar los comúnmente llamados «spoilers«, como me pasó a mi con el libro «La Marca De Atenea» en donde yo sabía que uno de los protagonistas moría. sin embargo, con el corazón en la boca en cada escena de pelea, me sorprendí gratamente al llegar hasta el final del libro con ese personaje ileso.
Con esto no digo que la única fuente de sorpresas son los libros, pero si que son una de las mas importantes. Tal vez el final ya esté escrito, pero si se quiere, siempre se puede aprender algo nuevo cuando uno menos se lo espera al finalizar la historia.

